Cuando el dique se quebró, de Spike Lee, EE.UU., 2006.

Cuando el dique se quebró, de Spike Lee, EE.UU., 2006.

Presidente Mitterand, Robert Guédiguian, Francia, 2005.

Guédiguian deja por una vez Marsella y su clase trabajadora para ofrecer un retrato sobre los últimos días del presidente Mitterrand y su relación con su biógrafo. “Anote, anótelo todo y dígales que no soy el diablo”, le dice el mandatario socialista (1981-1995, fallecido en 1996) a quien está a cargo de publicar sus memorias. Si Mitterrand como socialista paradójicamente nunca dejó de defender y perpetuar el orden burgués, Guédiguian elige problematizar el contexto de su pretérita resistencia al régimen de Vichy durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Lo que queda claro en Presidente Mitterrand es el estatuto intelectual del personaje, cuya erudición está al servicio de una concepción estética de la intimidad. Finalmente, Guédiguian repite la sabiduría de El ciudadano a la hora de develar el secreto de una vida: aquí está prohibido pasar; la belleza del último plano de la película bien remite en su espíritu al inicio de la opera prima de Welles. (Roger Koza)
Código desconocido, de Michael Haneke, Francia, 2000.
La mejor película de Michael Haneke, y su primera película rodada en Francia, está construida por largos planos secuencias que se cortan abruptamente, y que implica siempre un estímulo y una provocación a la percepción del espectador. Su tema, como el título y su primer escena lo indica, es la comunicación, más precisamente la construcción de un código común en una Europa que ha devenido socialmente multicultural y económicamente desigual. La segunda escena, magistral y teóricamente esencial, establece un lazo entre una actriz (Binoche), una rumana ilegal, un músico africano, un campesino francés, que llevará a seguir los derroteros de dichos personajes hasta indirectamente reunirlos en ese mismo lugar, una calle cualquiera de París. Desde ese inicio hasta el desenlace, Haneke construye una precisa y lúcida radiografía política y moral del viejo continente en el nuevo milenio, y hasta sugiere una discreta esperanza depositada en unos niños dispuestos a comunicarse, a pesar de las diferencias. Esta es una película que importa, un síntoma de nuestro mundo, y una exposición meridiana de qué puede hacer el cine. (Roger Koza)
A las cinco de la tarde, de Samira Makhmalbaf, Irán, 2003.


Mis pies, Matías Herrera Córdoba, Argentina, 2006: El realizador Ernst Lubitsch decía que si uno empieza filmando montañas quizás pueda después aprender a filmar personas. Consciente o no, Mis pies sigue al pie de la letra dicho procedimiento, pues el primerísimo plano de Liliana bailando llega a su debido tiempo, cuando sabemos que es la montaña una pieza de su identidad, y cuando el joven realizador Matías Herrera Córdoba ha establecido desde el inicio del metraje una dialéctica entre paisaje y subjetividad, montaña y rostro, panorámica y primero plano. En efecto, hay en estos 25 minutos de cine una meditación poética sobre la identidad que se desmarca felizmente del nacionalismo de bandera; se trata más bien de una aproximación al fenómeno apelando a dos coordenadas específicas, lo telúrico y lo político (he aquí el porque de la dedicación al gran Gleyzer). Liliana, quien trabaja como empleada doméstica en una ciudad de Catamarca, vuelve a su pueblo ante la proximidad de una celebración religiosa, pero su visita puede ser un regreso. El viaje de la protagonista no sólo implica una elección entre la supuesta riqueza de centro y la pobreza de la periferia, sino la comprobación de que ella pertenece a un movimiento migratorio que la trasciende, una contingencia sociológica que define en parte a quienes se ven obligados a desplazarse. A este nomadismo forzoso, parece sugerir Herrera Córdoba, se lo puede impugnar desde los pies, pisando con ellos el territorio, contradiciendo obstinadamente el consenso de que el único futuro yace en la gran ciudad, la polis de las mercancías. (Roger Koza)
Voces distantes, de Terence Davies, Reino Unido, 1988.

Una de las mejores películas británicas de todos los tiempos y uno de los directores menos conocidos de dicha cinematografía nacional, Voces distantes es una exposición magistral de cómo emocionar en el cine sin apelar a la manipulación ortodoxa y al sentimentalismo kitsch, más aun cuando se trata de retratar autobiográficamente la vida de una familia, católica y proletaria de Liverpool, durante las décadas del 40 y 50 del siglo XX. Un prodigio formal, la historia podrá ser sencilla, aunque no por ello banal. En efecto, este un film en el que la recolección de los recuerdos (fiestas, una guerra, dos casamientos, un funeral, el amor por la música y el cine) se materializa en imágenes imitando el funcionamiento de la memoria. Así, la música popular inglesa constituye un sonido emocional colectivo que atraviesa las generaciones y explica en parte la intimidad. Es historia sonora. Tal procedimiento está acompañado por un trabajo en la textura y tonos del film, además de que las elecciones de encuadres y movimientos de cámara también enfatizan el trabajo del recuerdo. Véase el pasaje en el que uno de los personajes, Eileen, tras su boda extraña a su padre mientras abraza a su hermano. Un paneo lento hacia la izquierda va yuxtaponiendo escenas pretéritas en la que mostrando y no diciendo se explica por qué este personaje le duele la ausencia de su padre. Esta es uno de las tantas secuencias magistrales de esta obra maestra de Terence Davies. (RK)
Apuntes de Frank Gehry, de Sydney Pollack, EE.UU., 2006.

Este documental de Sydney Pollack sobre el arquitecto Frank Gehry, poco tiene que ver con el cine de ficción del realizador. Casi nada emparenta Africa mía y La intérprete con estos Apuntes de Frank Gehry, excepto una necesidad por parte de Pollack de saberse parte de un sistema sin querer dejar por ello el deseo de ser personal. Situación de la que no es ajena Gehry, este heterodoxo e intuitivo arquitecto, más cerca de Le Corbusier y Lloyd Wright que de Guadi, que también suele trabajar por pedido o condicionado por el deseo de un cliente. La amistad del cineasta y el arquitecto se pone de manifiesto en el transcurso de la película, cuyo objetivo es no solo entender la gramática esencial de la creatividad, sino también concebir el espacio mismo como una superficie potencialmente artística. Algunas construcciones son admirables, aunque en algunas ocasiones, por ejemplo en el caso del museo Guggenheim de Bilbao, es ostensible la discontinuidad radical del edificio con la tradición arquitectónica de esa ciudad, a pesar de la positiva afluencia de turismo concomitante a la construcción del museo. De lo que se predica una meditación sobre cómo se construye en donde se habita. (Roger Koza)
Pickpocket, de Jia Zhang-ke, China, 1997.
