Archivo de Noviembre 2007

LP12

Noviembre 30, 2007

El mundo, de Jia Zhangke, China, 2004

Esta obra maestra de unos de los directores más jóvenes y lúcidos del cine contemporáneo es acaso una radiografía perfecta y estructural del capitalismo global del siglo XXI. No importa que la mayor parte de la trama transcurra en un parque temático de Beijing llamado “El mundo”,  en donde los visitantes pueden visitar desde el Taj Mahal y las torres gemelas hasta las pirámides de Egipto y la torre Eiffel, pues lo que ocurre con (y entre) todos los personajes es ostensiblemente universal. Así la vida de Tao, una bailarina del predio, puede ser la de cualquiera: trabajo, romances dudosos, monotonía existencial, deseos de libertad inverosímiles. Fascinante y conmovedora, El mundo es una coreografía formal: planos secuencias formidables, números musicales novedosos, una exquisita utilización de la profundidad de campo, incluso un ingenioso uso de la animación que suele explicitar las fantasías de los personajes. Pero la maestría de Jia se puede constatar en uno de los pasajes en donde un personaje secundario pierde su vida. El modo de contarlo implica una estética sostenida por una ética. Una película importante. Una película a la altura de su título. (RK)

Trigésimo séptima película

Noviembre 23, 2007

Dia, noche, día noche, Julia Loktev, EE.UU., 2006.

Día noche, día noche, la inquietante opera prima de Julia Loktev sobre una adolescente que decide inmolarse en Times Square a plena luz del día, elude el lugar común y humaniza la figura del terrorista sin por ello justificarlo. El film de Loktev es prácticamente mudo, aunque materializa la determinación y el dolor de quien decide matarse en nombre de una causa política, jamás develada en la película y cuidadosamente desmarcada del Islam (excepto por una escena menor), aunque sí vinculada al fundamentalismo religioso. Y si en apariencia los últimos 40 minutos de película giran en torno a una posible explosión, Día noche, día noche, paradójicamente, se convierte en una exploración vital y colorida de los actos cotidianos y la vida cosmopolita de una ciudad, así como también se descubre una solidaridad disponible y sorprendente entre quienes conviven en la Gran manzana. Estéticamente prodigiosa, los primeros planos se combinan con una concepción del sonido específica, y en esa amalgama Lotkev dota a algunas de sus escenas un suspenso casi existencialista. La música de la película es la ciudad, el multilingüismo y el pulso sonoro de la calle. Las manos y los rostros son los protagonistas. Cada detalle es un mundo. También hay una elección sobre los tonos, decisión que acompaña los estados de ánimo de la protagonista. Así, el sabor y color de una manzana, por ejemplo, puede convertirse, para quien mira, en una experiencia transcendental. Día noche, día noche deja constancia de que New York sigue siendo vulnerable. ¿Quién puede imaginar a una niña de 15 años a punto de dinamitarse?  (Roger Koza)

CLAIRE DENIS

Noviembre 21, 2007

LP11

Noviembre 21, 2007

Viernes a la noche, de Claire Denis, Francia, 2003.

AVISO

Noviembre 21, 2007

El artículo de Rosenbaum está en www.ojosabiertos.wordpress.com

Trigésimo sexta película

Noviembre 16, 2007

Un lugar en el cine, de Alberto Morais, España, 2007.

Un lugar en el cine pretende explorar un fenómeno seminal de la historia del cine: la formación de un estilo radical y revolucionario, el neorrealismo, y también los derroteros del mismo, incluyendo derivaciones extrañas pero deudoras de aquel, como fue el cine de Pasolini. Las voces que guían la propuesta son el mismo Èrice y Theo Angelopoulos, dos cineastas distintos pero con un mismo enemigo. Llamémosle a este, lo audiovisual.

La distinción entre lo audiovisual y el cine es conceptualizada por el propio Érice durante la película. Allí en donde rodó El espíritu de la colmena, Érice concluye y fundamenta todo lo que hasta allí ha dicho bajo estas categorías antitéticas. Serge Daney tenía otro modo de expresar el mismo dilema: habría una diferencia cualitativa entre las imágenes y lo visual, entre lo que las imágenes hacen con nosotros, representar la alteridad del mundo, y aquello que comporta un estímulo nervioso sobre el sistema óptico, diluyendo la marca del otro por una circulación de algo que se comporta y parece como imagen pero funciona como otra cosa. Lo que se predica también en cómo miramos cine: el cine como fenómeno colectivo, o en su defecto, el cine devenido en consumo audiovisual, o cine privatizado.

La propuesta política de Un lugar en el cine es, precisamente, establecer una resistencia, aunque Angelopoulos prefiere el término polémica, más cerca de su etimología griega, una guerra. En otras palabras: lo audiovisual va paulatinamente expandiéndose y alterando la misma ontología de la imagen. Lo que tiene su correlato en cómo se piensan las programaciones en los festivales.

Morais ha tomado un camino como cineasta. Y claro está que es la senda menos transitada. Pero no está solo, pues gente como Guerín y Mercedes Álvarez, cineastas más cercanos a su generación, sobre todo esta última, van por un mismo camino. Pero hay diferencias.

Por momentos, Morais parece dudar entre tomar una vía menos convencional del documental y radicalizar la puesta en escena, de tal modo que la entrevista como metodología de exposición quede relegada a la interacción de palabras y planos. A veces, los entrevistados parecen estar listos para interpretar sus propias vidas, y darle entonces la opción al propio realizador de explorar una estética, la neorrealista, desde un juego más cercano a la ficción que al documental canónico. Es allí en donde Morais toma vuelo y su película sin perder su propia singularidad se emparenta a El cielo gira, o incluso a El sol del membrillo. Hay atisbos, pruebas, pero puede haber también un poco de pudor, como si el propio Morais no se permitiera jugarse en materia formal, pues su posicionamiento ideológico como cineasta es ostensible. Hay también una dosis de solemnidad que le quita aire a los planos, siempre cuidados y elegidos con delicadeza y devoción. En esto se diferencia muchísimo de Álvarez, por ejemplo.

Dan Fainaru, el influyente crítico israelí, decía que Un lugar en el cine no intentaba discutir con su tiempo, y que el cine de hoy estaba mutando hacia otra cosa. Lo segundo es comprobable, lo primero es objetable. No hay dudas que la primera objeción a la tesis del crítico es la edad de Morais: 31 años. En un momento, Morais hace un test: unos jóvenes estudiantes, probablemente de cine, son interrogados tras ver un film de Pasolini. Las respuestas son diversas, y da la impresión que la dificultad no está en la inactualidad de ese cine, sino en su inhabitualidad. Si no lo entienden es porque no están acostumbrados a ver un cine en las antípodas de lo audiovisual.

Es una lástima que el documental no busque un tercer referente, por ejemplo, Kiarostami, más pertinente todavía tras el reciente intercambio de cartas entre Érice y Kiarostami. No obstante, Un lugar en el cine es una película que importa.

Imperfecta e insolente, tímida y perfeccionista, a veces dispersa pero con una tesis jamás traicionada, el film de Morais tiene algunos pasajes inolvidables, de esos que hacen de una película un lugar en nuestras vidas. Como ese último plano que cierra la película en el que se toca con el ojo el por qué el cine es una exploración visceral y observacional sobre el mundo. O como cuando Ninetto Dávoli recuerda los métodos de Pasolini y vuelve a recitar parte de un texto de una película, instante en donde hablar sobre la magia del cine queda despegada del kitsch y la condescendencia. (Roger Koza)

LP10

Noviembre 13, 2007

Platform, de Jian Zhang-ke, China, 2000

Trigésimo quinta película

Noviembre 13, 2007

Ladrón de caballos, de Tian Zhuangzhuang, China, 1986.

el-ladron-de-caballos.gif

LP9

Noviembre 7, 2007

Yo no tengo sueño, de Claire Denis, Francia, 1994.

Trigésimo cuarta película

Noviembre 2, 2007

El sexo es una comedia, de Catherine Breillart, Francia, 2003.

Poco se ha visto de Breillat en la Argentina, obsesiva cineasta dedicada a explorar en sus largometrajes cuestiones sobre política sexual. He aquí una mujer no necesariamente feminista dispuesta a politizar el placer femenino hasta el límite de lo tolerable, o recuérdese sino Romance, film sobre sadomasoquismo y otras yerbas, con la presencia del gran astro de cine xxx Rocco Sifredi (después hicieron con Mister Sifredi, Anatomía del infierno, basado en su novela Pornocracia). El sexo es una comedia destila un humor homeopático, casi imperceptible hasta una escena evidente, cuya comicidad alude literalmente al título del film. Su trama mínima, el momento de filmar una escena de sexo, sirve para entender el mundo del cine, las reacciones dominantes a la hora de exponer el cuerpo desnudo. El sexo es una comedia se impone finalmente como una meditación sobre la diferencia o continuidad entre la vida y la ficción. La magistral escena final así lo testifica. (Roger Koza)