PELÍCULA 3 (24/04)
By elojosoberano
El viajero, de Abbas Kiarostami, Irán, 1974, 
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Abril 25, 2009 a las 10:49 pm |
Ambas películas me parecen hermanadas por la disrupción.
Partiendo de este supuesto, el niño viajero de Kiarostami encarnaría la estridente interrupción del fluido y naturalizado devenir del orden social con la tenacidad de un deseo asumido desde la espontaneidad, desvergüenza e indiferencia respecto a los efectos de sus acciones sobre el entorno. En este sentido su viaje no me parece un mero traslado material sino también una travesía iniciática.
Mientras que la Alexandra de Sokurov le pone el cuerpo a la disrupción al deambular en pleno conflicto bélico, lo cual pone en cuestionamiento al conflicto mismo y a la necesidad de militarización ya que se vincula por igual con ambos bandos, sin demonizar a ninguno sino por el contrario humanizandoles a partir de intercambios verbales triviales, sin mucha catarsis panfletaria.
Resolviendo así desde el voluntarismo individual una tensión que desde lo macro parece imposible de superar.
Abril 26, 2009 a las 11:47 pm |
Entre lo mucho que se puede escribir sobre El viajero (1974) en base a su alto contenido filosófico y político, me gustaría aquí hacer un breve apunte sobre cómo Kiarostami reflexiona a cerca de la situación del individuo, en este caso un niño, en su relación con el conjunto de elementos y normas que componen el entorno cultural iraní.
La situación planteada es la de un niño inmerso en la complejidad de su propia cultura. Lo que le hace especial a este niño es tener en posesión un gran deseo. Las operaciones requeridas en la consecución de este deseo se oponen necesariamente a las condiciones de este sistema cultural, cerrado y sujeto a la inflexibilidad que garantizan una serie de normas y conductas preestablecidas. Si bien estas normas y esta moral social sirven de algún modo para frenar y conducir este tipo de impulsos y deseos, la obsesión del niño supera potencialmente la existencia de las propias normas. Kiarostami utiliza precisamente la idea del deseo irrefrenable en un niño para mostrar y pensar el funcionamiento y la organización social iraní.
En cierto modo existe una película que se le puede parecer a ésta. En Un condenado a muerte se ha escapado (1956), Bresson propone una situación parecida al menos en su contexto inicial, en el cual un individuo está inmerso en un sistema represivo. En ambos filmes, los personajes sobreviven cada cual en su jaula privados de todo movimiento. En El viajero, Kiarostami no sólo marca la presencia policial en las calles sino que observa las relaciones de poder en instituciones como la escuela o la familia. Llama la atención que en varias ocasiones el niño es presentado tras los barrotes. Todo esto hace entrar en estrecha relación los dos filmes: la celda del condenado a muerte equivale a otros dos lugares de encierro: la familia y a la escuela del niño iraní.
Lo que verdaderamente les une a estas dos películas es el deseo de sus protagonistas de llegar a otro lugar por sí mismos, de conseguir algo que está prácticamente fuera de sus capacidades humanas. Ambos personajes actúan como una especie de mecanismos o máquinas (sencillamente humanas) programadas para lograr un grado superior de libertad. Por eso, en ambas películas se lleva la descripción del proceso al extremo. Algo de todo esto hay en el filme de Winterbottom In this world (2002). Aquí también los dos protagonistas organizan una larga huída. Pero In this world está más centrada en mostrar la crudeza del proceso que en el espíritu de los protagonistas. Los personajes de Kiarostami y Bresson, son personajes a los que tan sólo les queda su propio cuerpo, su ingenio y perseverancia, la propia potencia transformadora, y eso está explícito en el film: uno de esos momentos lo encontramos en El viajero cuando al niño se le ocurre la idea de simular que la vieja cámara fotográfica de su amigo funciona, y así obtener algo de dinero a cambio de supuestos retratos de sus compañeros. Aquello que les caracteriza a estos personajes es definitivamente la pura intensidad, la pura potencia que de ellos emana.
Es ese mismo espíritu el que está presente en la mayor parte de los filmes de Herzog. Tanto el explorador Lope de Aguirre como el protagonista de la epopeya en la selva de Perú, Brian Fitzgerald, los dos personajes encarnados por Klaus Kinski en Aguirre, la cólera de Dios (1972) y Fitzcarraldo (1982) se ven impulsados por un deseo irrefrenable convertido en necesidad existencial de ir más allá.
Ahora bien, como hemos dejado ver, en uno y otro caso las condiciones de los protagonistas de estas historias y del entorno en que estos se mueven, son diferentes. También unas y otras historias muestran aspectos que otras no, y esto repercute en las interpretaciones que los espectadores harán de ellas. El condenado de Bresson busca la libertad, Aguirre por su lado es un personaje más complejo, quizá el motor que lo anima a continuar al mando de su miserable balsa al final del filme es el hecho de escapar de la vulgaridad humana o la mera ambición; y el niño de El viajero funciona como un mecanismo aparentemente simple, puede ser sin más una obsesión infantil. Kiarostami ha elegido conscientemente como protagonista a un niño, es decir, a un individuo que aún no es capaz de dar cuenta del sistema especialmente represivo en el que ha crecido. Esto le sirve al cineasta para expresar con mayor eficacia algunas ideas, como la jerarquía del poder en las relaciones sociales, enmascaradas en la visión inocente del niño. El viaje que emprende supone, aunque de eso él no se percate, una aventura en la cual un niño consigue un fin que por su edad le había sido negado.
Abril 29, 2009 a las 2:49 pm |
Probando mail válido
Abril 29, 2009 a las 3:19 pm |
Sobre El viajero
Después de ver varias de Kiaostami, esta Opera Prima, de la historia de un niño con un gran DESEO, que progresivamente lo va transformando en un pequeño rufián ( pero por la edad, digamos :picardía de esos años ).
La cámara que NO para de moverse siempre a la misma altura y que sólo muestra una mueca ,pero sobretodo : LOS OJOS…..
No hace falta explicar NADA, donde no había diálogos, la cámara habla por los ojos del niño.
Un fuera de campo que trasunta siempre en un bullicio y se encadena con la próxima imagen y de allí los planos se van enhebrando como en un collar.
Kiarostami, colocado hoy en la vanguardia mundial, y que proviene de un pequeño país, del que hemos visto “joyas”….sí joyas del cine que opacan los 100 años de cine de Hollywood….tal vez ahora estos obésicos americanos que se están quedando sin trabajo…sin casas… sin efectivos…como quedó Irán después de una guerra , que estos americanos financiaron y que dejó 1.000.000 de muertos …..tal vez ahora aprendan a filmar en la indigencia..y que encima les salga ALGO bueno.
En fin, hay que esperar…hay que esperar….
” Siéntate en el portal de tu casa y verás pasar el entierro de tu enemigo “….No sé quien lo dijo, pero estoy seguro que no fué Neustad, Fantini,Menen o la Mirtha…y en eso David Bordwell está de acuerdo conmigo
NOS VEMOS
ZIPI
Abril 29, 2009 a las 10:56 pm |
ALGUNAS PREGUNTAS
¿Kiarostami hace en Irán el cine de Buñuel, de la nouvelle vague, del neorrealismo italiano? ¿Lo importa o es una sensibilidad estético-filósofico-político supracontinental?
¿Si el protagonista se llamara Carlitos, o Polín, y hablara en castellano la película no sería argentina? ¿No podría haber sido la final del Mundial ’78? ¿Una hermosa película que nadie hizo?
¿El fútbol no es el único deporte donde puede soñarse que los pobres aplastan a los ricos? ¿Una batalla, una épica sin muertos?
¿El quiebre de las convenciones, la desobediencia a las instituciones, la búsqueda a toda costa del anhelo, sólo puede ser individual? O mejor dicho, ¿por qué el director elige que sea así? ¿Y ese final es consecuencia del soliloquio?
¿El único final de deseo (del Deseo) es un mal sueño? ¿Una pesadilla?
Abril 30, 2009 a las 7:38 pm |
Por supuesto, Kiarostami, es palabra mayor. Y yo, personalmente, nunca olvidaré : La casa de mi amigo.
Ahora bien, aquì me ha quedado una incógnita o una molestia con relaciòn a la postura ideològica de Kiarostami. A su ubicaciòn última en ese entorno socio-cultural iranì.
Demasiado castigo para ese niño que se atreve a desear algo, a emprender un viaje no sòlo prohibido, sino impensable para alguien como èl.
Hay indicios desfavorables en toda la pelìcula y que se resuelven favorablemente ( conseguir el dinero, no dormirse, alcanzar el òmnibus, superar las entradas agotadas). Y la culpa ùltima la tiene èl solito. No el sistema, no los círculos màs o menos pròximos que lo rodean. Se duerme y el sueño que tiene no sòlo es una pesadilla de lo que serà casi con seguridad el castigo que lo espera, sino que es el impedimento personal y definitivo que le impida ver el partido. Aventura, viaje iniciàtico, deseo : CASTIGO POR TODOS LADOS. Entonces, lo que sì se cumple aquì es lo que a uno le espera si infringe las pautas familiares, sociales, etc.etc. Y , fundamentalmente, no hay otros culpables, sino uno mismo. Las rejas se llevan consigo.