Película 44 (30/09)

Nuestro pan de cada día, Nikolaus Geyrhalter, Austria-Alemania, 2005

6 comentarios para “Película 44 (30/09)”

  1. Jorge H Dice:

    La clase obrera va al paraíso

    Con este título irónico, se realizó en 1971 una película dirigida por Elio Petri e interpretada por Gian María Volonté. Se trata de una obra irregular, que en numerosas partes derrapa hacia una puesta en escena más cerca del panfleto que del cine como arte. Sin embargo, se destacan varias secuencias memorables, entre las cuales podemos citar aquella en que su protagonista (terriblemente machista) Lulú Massa, para abatir el aburrimiento mientras está en una de las tantas jornadas laborales tediosas en la fabrica que lo emplea, se entretiene contando cada pieza que produce asimilándola a la partes anatómicas de una imaginaria mujer: “un culo, una teta, un culo, una teta, …..” Mucho de lo que el filme tiene de rescatable se debe a la grandiosa actuación de Volonté, que en esta escena logra mostrar la desesperación que provoca el ritmo incesante de un trabajo monótono repetido hasta el hartazgo.

    ¿A que viene esta introducción? Bueno, se debe a que viendo “Nuestro pan de cada día”, me acordé de la película de Petri, no por sus semejanzas formales, sino porque ambas retratan, aunque de manera muy diferente, la alienación en el trabajo en la fábrica capitalista moderna.

    En “Nuestro pan de cada día” no se habla. Los obreros no se desahogan al estilo de Volonté, parecen resignados a su suerte. Las palabras no tienen significación, tampoco hay música extradiegética, solo se escuchan los ruidos de la maquinaria omnipresente, en todas las labores que se retratan. Sin embargo las imágenes son poderosas y elocuentes por si mismas. Las labores que se muestran son abrumadoramente tediosas, repetitivas, reflejando la total sumisión de los obreros a la tecnología impuesta por el sistema productivo capitalista.

    Los espacios en que transcurren la mayoría de las escenas se traducen en lugares asfixiantes, opresivos, ruidosos y solitarios. Las escasas escenas rodadas en exteriores, muestran también espacios de trabajo donde la actividad es intensa y el descanso no existe. Son los espacios para la producción de mercancías, no para el goce o el disfrute.

    ¿Será esta la cultura del trabajo que se pregona desde la iglesia y desde otros ámbitos? ¿La cultura del tedio y el embotamiento para tener el derecho a comprar los bienes que garantizan nuestra existencia?

    Incluso los escasos momentos de la jornada de trabajo en que los obreros realizan una pausa para almorzar, proveen una imagen abrumadora de soledad y abatimiento.

    Como cuestionamiento, cabría decir que vemos una mirada demasiado pesimista del director Nikolaus Geyrhalter, que no parece dejar resquicio para la mínima rebeldía, para retratar los momentos de ocio fuera de la fábrica, para exponer a los obreros en espacios y actividades no necesariamente vinculadas al trabajo y de mostrar que quedan posibilidades de ejercer algún grado de libertad fuera del entrono opresivo del lugar de trabajo.

  2. spiri Dice:

    Our Daily bread” vs “ food inc”, es cine contra espectáculo.

    Hemos visto con Comolli que el campo de batalla se ubica en la forma. Our daily bread es un film destacable por su coherencia formal, consecuente con su contenido justamente porque éste se realiza y se refleja en la forma , siendo sumamente adecuado para coronar la lectura del texto “cine contra espectáculo”. Alguien podría objetar el film no cuenta nada, que es aburrido y lento, esas nociones nada dicen, son puramente subjetivas, arbitrarias y no son un parámetro de calidad estética. Además: ¿Por qué habría que convertir en espectáculo o en diversión aquello que no tiene nada de divertido? ¿Por qué debería ser entretenida una película sobre el proceso productivo de los alimentos?

    El registro observacional del film, además de no ceder a la lógica del espectáculo, genera una respetuosa distancia que permite un dialogo con el espectador sumamente rico. El modo en el que se producen los alimentos que comemos no tiene nada que ver con la falsa calidez de las publicidades con las que el capitalismo nos vende la comida. Basta contrastar “nuestro pan de cada día” con cualquier propaganda de hamburguesas, sopa o cualquier otro producto alimenticio.

    Hay en la película un triangulo cuyos vértices son: la materia prima (animales o vegetales), las máquinas y los trabajadores. No hace falta apelar a un discurso sensacionalista para dar cuenta de la explotación. Basta mostrar al trabajador algunos segundos y verlo repetir tres veces la misma maniobra para percibir la monotonía alienante de las actividades que el operario estará condenado a realizar todos los días durante unas cuantas horas. El proceso productivo es indolente, desalmado, y en su automatismo se pierde todo tipo de sensibilidad hacia los seres vivos.

    El movimiento de los tres componentes mencionados se refleja en una coreografía hipnótica y aterradora. Pude comprender esto cuando salí de la sala. Tuve que irme minutos antes de que finalice la proyección, salí como le gustaba salir del cine a Barthes, solo y sin hablar con nadie. De esa manera ocurre muchas veces que la atmósfera del film continúa en el afuera y empapa la realidad. Fue allí cuando comprendí el movimiento de los actores de la película, percibí con algo de terror que el movimiento de los autos y de la gente era similar al de los pollos, de los pescados y de los hombres del film visualizado.

    Es imposible no compararla con Food Inc, esta última falla en lo formal, y no es participe de la coherencia de “our daily bread”, porque en el film americano el procedimiento utilizado para organizar el material audio-visual termina siendo tan artificioso e impuro (con su rutilante y omnipresente voz en off, música extradiegetica y entrevistas, etc) como el proceso productivo que pretende atacar.

    • Jorge H Dice:

      Spiri: estoy de acuerdo con vos en que este filme es superior a Food Inc. Y que la peli yanqui adolece de los defectos que señalás, pero igual creo que sigue teniendo virtudes que ya señalé en mi comentario. Seguramente que Food Inc no perdería gran cosa, si en lugar de ser un documento audiovisual, fuera un artículo de la prensa escrita o un ensayo publicado en alguna revista, y esto seguramente habla de sus limitaciones a la hora de emplear el cine como herramienta de expresión, pero bueno, por alguna razón, el director decidió que debía ser una película y no deja por ello de transmitir una cantidad de información valiosa.

  3. silvia Dice:

    Pues no tengo presente el haber disfrutado de la película de Volonté, pero está muy buena tu introducción Jorge H, aún me provoca risa ese detalle con el que optimizaba su tarea diaria el tál Lulú Massa, al ponerle figura de mujer a todo cuánto pasaba por sus manos.

    Respecto a este documental “El pan nuestro de cáda día”, pues se me ocurre que el Director ha exagerado absolutamente el humor de los trabajadores porque en todo ser humano hay risas.
    Nada más una considera a esas dos personas que viajan todos los días al centro de la tierra (es una exageración), seguro tienen un temple especial. Si mínimamente tuvieran ese ánimo de soledad y abatimiento que muestra el documental,pues seguro no resistirían un día en ese más impresionante aislamiento que ningún otro ser humano tiene cómo trabajo.
    El Director pretende dar cómo válido el hecho de que todas estas actividades del desarrollo alimentario de hoy , son garantía de aislamiento y alienación.

  4. spiri Dice:

    Jorge H… comparto lo que decís…y además creo que ayuda haber visto primero la película americana para comprender mejor “nuestro pan de cada día” y luego comprender las deficiencias de food inc…yo creo que entiendo mejor cada una de esas películas individualmente, recurriendo a su comparación. Ha sido productivo ver las dos.
    Saludos

  5. Jorge H Dice:

    “Food Inc.” nos concientiza desde la razón, desde la argumentación, desde las pruebas testimoniales. Se comunica con el espectador con datos provistos a través de las imágenes.
    “Nuestro pan de cada día”, nos concientiza desde la emoción, desde el sentimiento, desde la sugerencia propia del buen arte. Se comunica con el espectador con la sola fuerza de las imágenes.

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